Muchos escritores italianos de la posguerra son de origen judío. De la generación que creció en el las dos décadas («Ventennio») del período fascista, es suficiente citar los nombres de Moravia, Morante, Ginzburg, Carlo y Primo Levi, y Bassani entre los más importantes. El fascismo, las leyes raciales y la ocupación nazi con las grandes deportaciones hicieron madurar las conciencias artísticas de estas personalidades, permitiéndoles desarrollar su propio pensamiento y proponerlo a través de grandes obras literarias. Es necesario recrear una conciencia o un redescubrimiento contextualizado en relación con la importancia de estos autores en el mundo.
Muchos grandes intelectuales judíos italianos que, de hecho, llegaron a Estados Unidos debido a las leyes raciales, se convirtieron en figuras clave en su ámbito de pertenencia. Personas que querían ser reconocidas como judías e italianas. Así que, entre Roma, Turín y Trieste, el fenómeno del «pequeño judaísmo italiano» se expandió, desarrollándose y volviéndose central para el conocimiento de nuevos escritores italianos y para la difusión de autores extranjeros nunca traducidos.
Bassani se comprometió en llevar a Italia y dar a conocer escritores como T. S. Eliot, Dylan Thomas, René Char, Maurice Blanchot, Georges Bataille y Truman Capote, descubriendo por otro lado autores fundamentales de nuestro siglo XX, desde Bertolucci hasta Calvino, desde Soldati hasta Pasolini. A Bassani se debe también un éxito que hoy aún sigue resonando: el de «El Gatopardo», publicado póstumamente. El autor aristocrático Giuseppe Tomasi de Lampedusa murió sintiéndose rechazado por Vittorini y dejando el texto incompleto. Lo recibió Bassani, director editorial de Feltrinelli, incansable en su trabajo de unir las muchas partes del texto, hasta obtener la obra definitiva que conocemos lista para la imprenta.
La lista de autores judíos italianos que se pueden citar y profundizar es muy larga. Con ellos también celebramos nuestra lengua, que estos autores eligieron como lengua materna. Así fue para Italo Svevo, seudónimo de Aron Hector Schmitz, para Umberto Saba, hijo de Felicita Rachele Coen, para Alberto Moravia, seudónimo de Alberto Pincherle, para Primo y Carlo Levi, para Natalía Ginzburg, cuyo nombre de nacimiento era Natalia Levi, hasta Alessandro Piperno, escritor italiano nacido de padre judío y madre católica, que llegó a la fama en 2005 con la publicación de su primera novela «Con las peores intenciones», ganando el Premio Campiello como ópera prima. Hasta llegar a la elección más actual de Helena Janeczek, naturalizada italiana, que con «La chica de la Leica» ganó el Premio Campiello 2018: historia de Gerda Taro, fotógrafa fallecida en el frente de la Guerra Civil española. Gerda fue la inventora, junto con su novio Endre Friedmann, del personaje del fotoperiodista de guerra Robert Capa, que en realidad era un seudónimo usado por ambos.
La conferencia representará el primer impulso para realizar un Círculo de Lectores sobre 11 libros seleccionados que fomenten el diálogo entre los jóvenes de la escuela judía y de la escuela italiana de Madrid, además que el de todas las personas que quieran unirse en la reconstrucción de nuestras Tertulias italianas que junto con los círculos literarios italianos desde Milán, hasta Trieste y Nápoles, echan sus profundas raíces en la cultura latina de derivación griega de los círculos de Escipión, Cicerón, Séneca, y del desconocido dueño de la villa de los papiros de Herculano.
Compartir experiencias a través de la narración es la mejor fórmula para entenderse y comunicarse.
Créditos de la imagen: Leonardo Cendamo (GettyImages)
28 de enero a las 18:30 horas
Instituto Italiano de Cultura de Madrid
Entrada con tarjeta anual (posibilidad de realizarla in situ). Es necesaria la reserva en reservas.iicmadrid@gmail.com indicando nombre, apellidos y contacto telefónico de todas las personas para las que se solicita la reserva y en el asunto «Alain Elkann»